ARTIGOS

Investigación Sobre Violencia Doméstica
RESULTADOS DE COMPARACIÓN ENTRE GRANADA
Y SAN MIGUEL DEL PADRÓN

Dra. Caridad Navarrete Calderón

Análisis de los resultados

Hemos estructurado el análisis tomando en consideración las características sociodemográficas incluidas en los instrumentos de recogida de información, así como la existencia, tipos y frecuencia del maltrato físico, psicológico, sexual, social, económico y ecológico, su duración, motivos de existencia de maltrato de los hijos y consecuencias para la salud de la mujer maltratada. Finalmente realizamos el análisis del comportamiento de su historia familiar y personal y de sus relaciones de pareja. Esta división convencional obedece a los indicadores utilizados, incluidos para el estudio descriptivo, con el que nos aproximamos a un conocimiento inicial de la problemática de la población de mujeres cubanas, pero ello no altera lo que es más importante para nosotros: la autopercepción de las mujeres y su visión del entorno, de los valores que les orienta la vida y la influencia del medio en la formación de su cosmovisión.

El grupo de las cubanas está integrado por 61 mujeres maltratadas y el de las españolas por 57. Las edades de ambos grupos son similares; oscilan las de las cubanas entre 35 y 39 años y las españolas tienen como edad media 37,6 años. Cinco cubanas tienen más de 60 años.

La escolaridad se comporta superior en las cubanas pues hay 9 profesionales universitarias, lo que equivale a un 14,76 % y 28 (27,6 %) terminaron el nivel medio superior. El resto incluye 6 mujeres que concluyeron el nivel primario (11,2 %). Sólo 2 mujeres no lo terminaron, lo cual se explica por la edad que tenían al realizarse la Campaña de Alfabetización. El 25 % son universitarias, entre las granadinas; el 7,7 % concluyeron la enseñanza media, el 25,9 % tiene estudios primarios y el resto solo sabe leer y escribir (5,8 %).

Es importante resaltar que hay mujeres maltratadas en los distintos niveles culturales lo que apunta hacia la confirmación de que la variable independiente "nivel educacional bajo", no aparece como decisiva sobre la pendiente "víctima de maltrato".

Al analizar la ocupación constatamos que casi la mitad son amas de casa 30 mujeres de las cuales, 22 (73 %) no están vinculadas laboralmente por prohibición expresa de su pareja, no poseyendo vínculo laboral ni estudiantil, entre las sanmiguelianas.

De las españolas cabe destacar que trabajan fuera el 76,5 %, de ellas un considerable por ciento corresponde a las licenciadas, pero entre las restantes (31,7 %), el vínculo laboral es bastante irregular y sus ocupaciones carecen de calificación, subrayándose la inestabilidad, y en otras, amenazadas o interrumpidas por el paro. Debe subrayarse que la vinculación laboral de las españolas resulta muy temprana, incluso entre los 13 y 14 años de edad, iniciando su adolescencia.

Tipos de maltratos

Con respecto a las habaneras, el tipo de maltrato que alcanza la mayor frecuencia es psicológico, al cual le sigue el social, después el físico, luego el económico y finalmente, el ecológico.

En cuanto al maltrato psicológico, son los insultos, la no prestación de ayuda en enfermedad, las amenazas, las ofensas, las humillaciones verbales, la desvalorización y el encierro, las conductas maltratadoras de mayor frecuencia en el grupo de las cubanas. Aquí se observan diferencias muy significativas al establecerse la comparación con las granadinas, lo que en términos de porcentaje se refleja en las siguientes conductas con proporciones más altas en desvalorizaciones (67,5 %), amenazadas (+ 52,3 %), humillaciones (52 %) e insultos (+ 35,7 %).

Con respecto a las habaneras entre las conductas de maltrato físico, los empujones, ocupan el primer lugar siguiéndole las mordidas y los golpes, después las bofetadas y los puñetazos. A 5 mujeres les fracturaron huesos sus varones parejas y 3 recibieron patadas alguna vez. No obstante la diferencia en términos de porcentaje merece detenernos a echar una ojeada a la tabla 4 del informe de investigación de Granada, pues en todos los tipos de maltrato físico, se aprecian proporciones más altas, claramente significativas: en un + 57,2 % de las que recibieron bofetadas; en un + 37,7 % las que recibieron puñetazos; en un 36,2 % las que recibieron empujones; en relación con agresiones sexuales en un + 23,4 %; patadas se dieron a + 21,6 % y golpes a un + 20 % el de las españolas respecto a las cubanas.

Restricciones a la libertad, excesivo control y posesión impregnan las conductas maltratadoras de connotación social. Alcanzan la mayor frecuencia la prohibición de actividad; en segundo lugar, el impedirle trabajar fuera de la casa; en tercer lugar, la desvalorización e incluso, hay 7 mujeres a las cuales alguna vez su pareja las ha encerrado.

El maltrato económico se ha expresado en la conducta de 16 varones que han hecho pasar penurias económicas a sus parejas, algunas veces a 13, obstaculizando la satisfacción de sus necesidades fundamentales. Es de destacar la conducta violenta de 12 varones cubanos que han destruido muebles y objetos en la casa en accesos de cólera.

La crueldad se observa como lo más significativo en (a animales domésticos) que se ha constatado en 6 casos, de las sanmiguelianas.

La agresión sexual se produjo contra 8 mujeres de las habaneras, muchas veces en 2 casos, y algunas veces, en 3. Criticaban su desempeño sexual en 10 casos, de ellos algunas veces en 8 casos.

El período promedio de permanencia en la relación con el varón que las maltrataba ha sido de 1 a 4 años como mayor frecuencia (11 mujeres, 40,25 %) y de menos de 1 año en igual número. Sólo 5 mujeres confesaron haber resistido por más de 5 años el maltrato, en la muestra habanera, constituyendo el 18,5 por ciento de las que respondieron a esta pregunta. La media de permanencia de las españolas en relaciones de pareja con el hombre que las maltrata es de doce años aproximadamente. En esta muestra conviene destacar que en el 38 % de los casos, el maltrato comenzó o recién o recién casados o en los primeros cinco años de convivencia.

Consideramos que es un aspecto digno de apreciar la gran diferencia existente en la duración del maltrato en los dos grupos de mujeres estudiados, lo que en el caso de las cubanas podría obedecer al logro de una protección jurídica, económica, social y estatal más alta, gracias a las conquistas revolucionarias.

Para contrarrestar los sentimientos de culpa que desarrollan se responsabilizan con traumas de sus cónyuges, llamados a justificar y racionalizar las razones del maltrato. No encontramos entre las que ofrecieron alguna explicación (el 46 % = 22 mujeres) 3 que le atribuyeron a su incomprensión, 1 a que las mujeres, por ser el sexo débil deben obedecer, 1 a su falta de respeto, 1 a sus celos y carácter fuerte y otra a su falta de comprensión y carácter fuerte, 1 lo atribuye a la baja escolaridad e inteligencia de su esposo y 1 a la inexperiencia de su pareja, 2 lo explicaron por su embriaguez alcohólica del marido, solo 9 (18%) fueron capaces de reconocer a sus parejas el predominio de prejuicios machistas, su carácter agresivo, conducta abusadora y falta de amor.

Con respecto a su salud, entre las habaneras, 2 confesaron estar recibiendo tratamiento psiquiátrico como consecuencia del maltrato recibido de su pareja. No se refieren a las consecuencias psicológicas, lo que sí explicitaron las granadinas, en un 63,48 % problemas psicosomáticos como noxas alérgicas, asma y trastornos de la alimentación. Daños físicos señalaron el 2 % de las mismas y combinación de síntomas físicos y psíquicos, un 38 %. Fueron atendidas también por contusiones o heridas en un 18,84 %. Un 27,32 % confesó que necesitaron atención, pero no la recibieron, aunque solo un 11,42 % informó al médico de que se debían a maltratos.

Con relación a las cubanas, resulta difícil la comparación, puesto que metodológicamente no se incluyó la exploración acerca del personal de salud, si enfermeras y médico de la familia exploraban el origen de la lesión. Muchas veces la mujer va a la consulta con dolencias que podrían explicarse como problemas psicosomáticos, ya que aparecen a consecuencia de situaciones conflictivas que se viven en su seno familiar. Queremos reflejar de paso una vez más, el compromiso que desde los servicios de salud ha de contraerse con el tema que aquí abordamos.

En un solo caso testimonió una mujer sanmiguelina maltrato de sus hijos por sus por sus parejas, a diferencia de las españolas, las cuales señalaron que reportaron maltratos físicos en un 5,46 %, psicológicos en un 30,46 % y sexuales en 1 %. La investigación española permitió también comprobar que los varones maltratadores procedían de familias de origen donde fueron víctimas de maltratos físicos en un 57,5 % y psicológico en un 83,3 %. También se reportó maltrato entre los hermanos y de estos hacia las hermanas.

Las españolas entrevistadas pasaron por la experiencia traumática de tener que enfrentar el chantaje de sus compañeros de pareja utilizando para ello a los hijos.

En un clima de violencia los niños crecen inseguros, desconfiados, con baja autoestima y proclives a ser víctimas o a desarrollar rasgos de personalidad violenta en el futuro. (Clotilde Proveyer, 1976)

Las mujeres para contrarrestar el malestar les produce esta situación, o para atenuar los sentimientos de culpa que desarrollan tratan de complacer al máximo a su pareja para no desatar ira, legitimando de esa forma su violencia contra ellas. (Clotilde Preveyer, 1976)

Muchas de ellas se responsabilizan con culpas o traumas de sus cónyuges, mantienen quizás, una relación maternalizada con el esposo para volverse, en la medida que pasa el tiempo, más dependientes y menos visibles pero esta relación no es espontánea, es una construcción histórica impuesta por la cultura patriarcal que enseña a las mujeres a cuidar de los suyos antes de cuidar de sí misma.

En la investigación de Granada, Carmen Mantilla de los Ríos destaca la concepción de una mujer débil, dependiente, con un concepto de sí misma muy bajo, se ve cuando se les pregunta cómo se percibían mientras permanecieron en esa relación. Las categorías de respuestas a esta pregunta se resumieron en las siguientes:

Resignación / Autocompasión (9,61 %): ellas pensaban que no se merecían lo que les estaba pasando: - todos los hombres son así - incluso había algunas que se confortaban en su papel de mártir.

Impotencia (4,80 %): entendida como el no ser capaces de hacer nada, decían: - eso es inevitable, no tengo fuerzas, la única solución es el suicidio.

Infravaloración (10,57 %): el no considerarse como personas válidas, se expresaba: - si eso ocurre será porque me lo merezco, soy la culpable, la inútil -. Es esta categoría donde se ve reflejada la baja autoestima de la mujer y cómo esos patrones culturales la hacen creer que es ella la culpable. - porque las mujeres siempre nos equivocamos, y es el hombre el que sabe lo que hace y lo que dice: - Soy una inútil que no se hacer lo que el quiere que haga. Yo no debo enfadarme porque vaya de copas o le diga que no vaya con mujeres, son cosas de hombres y tengo que comprenderlo -.

Además el sentido del deber fue señalado en un 2,88 %. Es ese nivel de convencimiento, de no ver las cosas objetivamente lo que se considera como distorsión cognitiva.

En cuanto a la segunda hipótesis: El comportamiento condicionado de distorsión cognitiva genera en la mujer dependencia psicológica de su cónyuge o compañero, sin ser capaz de concebir su vida fuera de la familia que han creado. Las razones que dan ellas de por qué permanecen en relación son las siguientes: Miedo y amenazas, 2,82 %; dependencia psicológica, 13,19 %; dependencia económica, 1 %; sobrevaloración de la familia, 47,1 % y dos o más factores, 22,61 %.

Haciendo referencia a esta proposición tenemos la pregunta de por qué permanece ella en su relación, cómo a pesar de que las estén maltratando física y psicológicamente, siguen ahí. Las personas que ven desde fuera esta historia tienden a pensar incluso que es que les gusta que les peguen, y de hecho en la bibliografía aparecen modelos que defienden esta postura; creemos que es una posición ignorante, que no explica la verdad teórica de la postura de masoquismo de la mujer. Las razones son mucho más reales y profundas que esta, y también queremos destacar, más justa que la citada.

Entre ellas, y remitiéndolos de nuevo a las respuestas de las mujeres de Granada, cerca de un 14 % lo achacan a que eran dependientes psicológicamente de ellos; con amor, creían que se solucionaría el problema, el compromiso creado con el matrimonio lo justifican, piensan que podrán arreglarlo y que son muchos los vínculos que unen a ambas personas. De ahí que muchas mujeres se sientan culpables por no haber conseguido que su relación sea como es esperable de todo matrimonio (de puertas para afuera). Así cuanto más tiempo y firmeza ponga en sus intentos de mejorar la situación, más tarda en darse por vencida y tiene menor probabilidad de abandonar al compañero "Hay que hacer todo lo posible porque no se enfade, hay que tenerlo todo como a él le gusta, porque si fallo en lo más mínimo (no tener a tiempo la comida, o que se pegue, etc.) puede armar la bronca". Así que cada vez hay un mayor sometimiento a ese chantaje emocional. Esa dependencia psicológica conlleva también un intenso miedo derivado de vivir continuamente en una situación amenazante.

Creemos que no está demás decir cómo pueden estar viviendo las niñas/os este tipo de situaciones: pero también viendo como se consiguen ciertas cosas, aprenden que los problemas se solucionan cuando mamá se calla y no irrita a papá, cuando no lo provoca. La importancia de los modelos, tanto del modelo violento como del modelo agredido van modelando los aprendizajes de pasividad y acatamiento de la niña y el de poder en el niño.

Queremos destacar que son pocas las mujeres que señalan las razones económicas como la razón principal. A pesar de lo que pueda creer, no es tan importante el no tener dinero para permanecer en la relación, como la dependencia emocional.

En el caso de las cubanas, aunque confirmamos su convicción de contar con una protección social de la que carecen las españolas, conservan en su subjetividad el sentimiento de inferioridad propio de la identidad tradicional que limita la posibilidad de ruptura, la elaboración de proyectos de vida más dignos y manifiestan ciertos sentimientos de pesimismo y resignación, lo que se expresa en las historias de vida por nosotros realizadas.

Evidentemente, las diferencias socioeconómicas introducen elementos diferenciadores en la realidad que viven estas mujeres y el modo de asumirla, pero en ambos grupos está presente con todas sus implicaciones la ideología patriarcal que convierte lo masculino en rector de los destinos humanos.